La evolución de la capacidad de tratamiento de los cadáveres animales contribuyó sensiblemente a las labores de eliminación. En el momento más álgido de la epidemia, fue posible combatirla gracias a una nueva vía de eliminación: el enterramiento masivo de los cadáveres animales en fosas artificiales, excavadas bajo control técnico en vertederos autorizados cuando se disponía de alguno. En el curso del brote se estableció una jerarquía entre los métodos de eliminación de cadáveres que diera cabida a las preocupaciones en materia ambiental y de salud pública: el procesamiento técnico de los cadáveres animales o su incineración en primer lugar; los vertederos autorizados como segunda alternativa; y por último las dos opciones menos deseables, la quema con inhumación masiva o el enterramiento en la propia explotación. Sin embargo, la campaña de lucha contra la enfermedad no hubiera culminado con éxito sin el uso táctico de inhumaciones masivas para complementar los demás procedimientos de eliminación. Los autores describen la evolución y aplicación de los procedimientos de eliminación utilizados durante el brote de 2001.