Si se determina la relación temporal entre el clima y las epidemias de la enfermedad vírica transmitida por Culicoides, quizá sea posible instituir con más antelación y eficacia las medidas de lucha y vigilancia. Desde 1950 como mínimo, Israel viene sufriendo casi cada año brotes de lengua azul, que periódicamente revisten cierta gravedad. 

Los autores describen un modelo que recoge la secuencia temporal de brotes de lengua azul durante veinte años y la relaciona con el clima. Los datos obtenidos por satélite muestran que existe correlación entre las bajas temperaturas, los altos niveles de humedad y el aumento del número y la gravedad de los brotes. Se trata del primer estudio en que se observa una relación temporal entre el riesgo de enfermedad transmitida por Culicoides y variables climáticas calculadas a partir de técnicas de teledetección por satélite. 

Las condiciones climáticas reinantes el año anterior al brote, entre octubre y diciembre, pico estacional del vector y el número de brotes, parecen tener más influencia que las condiciones imperantes en primavera y verano del mismo año. Dado que Israel es un país árido, es posible que un nivel de humedad más alto de lo habitual en este periodo incremente el número de sitios propicios para la reproducción y de refugios de que dispone el vector Culicoides imicola adulto, y que un nivel de temperaturas inferior a la media conlleve un aumento de la fecundidad, del número de descendientes y del nivel de supervivencia de adultos en invierno, lo que a su vez hará más numerosa la población de partida al año siguiente. 

En la serie temporal de brotes anuales de lengua azul, la proporción de varianza debida a factores climáticos es relativamente baja (alrededor de un 20%). Ello se debe posiblemente a la variación temporal de otros factores, por ejemplo las incursiones de virus desde países vecinos o el nivel de inmunidad de los rebaños. También es posible que, como en esta región el virus de la lengua azul circula casi siempre de forma subrepticia en razas resistentes de ovejas locales, el nivel de transmisión guarde escasa correlación con la notificación de los brotes, y que ello oculte las estrechas relaciones entre la circulación del virus y el clima, suponiendo que existan.