La trazabilidad está adquiriendo carta de naturaleza en todos los sectores de la industria agroalimentaria, a resultas en gran parte de las últimas crisis ligadas a los alimentos y la consiguiente demanda de transparencia en la cadena alimentaria. De ahí que estén surgiendo una serie de técnicas y conceptos en la materia adaptados a distintas necesidades del sector. La experiencia con plantas modificadas genéticamente demuestra que la trazabilidad puede ser útil para reforzar la confianza del público en la biotecnología y quizá también, de forma análoga, para disipar las inquietudes ligadas al desarrollo de la biotecnología aplicada a los animales. Por lo demás, la trazabilidad es también un componente esencial de cualquier estrategia de gestión de riesgos y un requisito básico para la vigilancia posterior a la comercialización de un producto. Dada la heterogeneidad de conceptos y técnicas existentes en este terreno, es preciso tener en cuenta el alcance y la precisión de los sistemas de trazabilidad que se apliquen a la biotecnología animal.
 
La experiencia ha demostrado que los sistemas convencionales de uso de crotales y etiquetas conllevan cierto grado de error y quizá carezcan de la precisión suficiente para el caso de animales obtenidos por medios biotecnológicos. La tecnología del ácido desoxirribonucleico (ADN) puede ayudar a salvar estas dificultades porque permite identificar a los animales y sus derivados gracias a su secuencia de ADN y no a una etiqueta asociada. Ello abre la posibilidad de seguir las trazas de algunos derivados de animales obtenidos por biotecnología a lo largo de la cadena de aprovisionamiento, ascendiendo por ésta hasta llegar al animal de origen, lo que proporciona niveles sin precedentes de trazabilidad. El progreso de las técnicas de obtención de muestras y análisis de ADN hace que la aplicación a gran escala de la trazabilidad de este ácido nucleico sea cada vez más rentable y factible, y probablemente suscitará un creciente interés por los conceptos asociados a esta técnica.